HIJOS DE OROBRIZ

La historia

Hace 50 años, a comienzos de la década de los 70, nació un sueño en el corazón de Sevilla. Concretamente, en la calle Alcaicería, cercana a la Iglesia del Salvador y la emblemática plaza de la Alfalfa. Aquellos que soñaban eran Venancio y Carmen, un matrimonio de emprendedores con raíces salmantinas, quienes pensaban con toda su alma que una joya debería estar al alcance de todo el mundo. Así fue como llegó al mundo Orobriz.

ORIGEN

Tras sus inicios como marca, dedicados al sector de la joyería, Venancio comienza a diseñar sus primeras joyas, y germinan las colecciones pioneras de Orobriz. La acogida por parte de aquella clientela inicial fue tan extraordinaria, y se multiplicó a tal velocidad, que Orobriz se transformó en poco tiempo en un verdadero referente de las joyerías hispalenses.

En los años 80 se produce una gran explosión de este tipo de artículos de calidad, de manera que su negocio se expande con fuerza. Los habituales de Orobriz, convertidos en algo más que clientes gracias a la excelencia en el trato recibido, sabían a la perfección que una joya que brota de esta casa no es cuestión de modas, sino para toda la vida.

La capital andaluza vive su particular esplendor a comienzos de los 90, impulsada especialmente por la magia de la Expo 92. Sin embargo, al año siguiente se produce una crisis generalizada que también se hace sentir en el sector del metal, y que afecta asimismo al de las joyerías.

EXPANSIÓN
ACTUALIDAD

Los tiempos cambian; llega un nuevo siglo y un nuevo milenio. La tercera generación de esta empresa familiar se pone al frente en esta nueva etapa bajo el emblema ‘Hijos de Orobriz’. Y lo hace mediante una convicción irreductible, renovando la imagen y la comunicación de la joyería, a partir del respeto innegociable a la tradición, la elegancia y lo clásico. El presente de la marca luce brillante; el futuro se antoja esplendoroso.

Carmen y Venancio ya no están entre nosotros físicamente, pero su recuerdo ilumina ‘Hijos de Orobriz’ gracias al sueño que compartieron y que, después de tres generaciones, se mantiene más vivo que nunca.